YOGA:EL ARTE DE LA PAZ

Siempre me llamó la atención el hecho de que si el Yoga propugna la no violencia (ahimsa) como uno de sus más importantes valores, si no el principal, tuviera entre sus términos más empleados y hasta estimados palabras, asanas (posturas corporales) e historias sobre guerreros y batallas. Y es lógico, he comprendido con el tiempo. El Yoga lo incluye todo, y de alguna manera lo explica todo. Hasta la guerra, que no es más que un producto del miedo y la ignorancia.

Uno de los principales textos explicativos de en qué consiste el Yoga es la obra conocida como Bhagavad Gita o Canto del Señor. La acción transcurre justo en el momento en que dos bandos, dos ejércitos se van a enfrentar en un batalla fratricida. Allí expone Krishna de manera sucinta cuál es el camino que nos conduce a la paz con uno/a mismo/a, es decir, se presupone un estado de guerra o un conflicto, una discordia y la necesidad y posibilidad de llegar a un punto de encuentro, a un acuerdo entre las partes.

Pero, discordia ¿entre quién?. Esta palabra misma, que utilizo a propósito, “dis-cordia”, contiene parte de la explicación pues en ella aparece uno de los actores principales en la disputa, el corazón. El otro, qué duda cabe, sería la cabeza, el intelecto frío y racional, completamente analítico que no se moja, sólo aporta datos objetivos. Y ¡¡cuántas veces, a diario, no nos dice una cosa la cabeza y la contraria el corazón !!.

Vivimos una guerra, aunque se trate ésta de la que a diario enfrenta a cada ser humano con su propio vivir y existir, con sus quehaceres, dudas, tomas de decisiones, alegrías y pesares, éxitos y fracasos, altos y bajos. Tal vez sólo sea una metáfora utilizar la palabra guerra para designar ese conflicto interior, o tal vez la guerra exterior, la que hoy se vive cruentamente en muchas partes del mundo sea en realidad la metáfora cierta de esa otra batalla que todo/as llevamos dentro.

No hay caminos para la Paz, la Paz es el camino dijo Gandhi. Es responsabilidad de cada ser humano tratar de mirar a los ojos del otro como a un hermano. Como si mirar esos ojos fuera mirarnos en un espejo, como si viéramos en los ojos del otro nuestros propios ojos y así poder amar al prójimo como a nosotros mismos.

¿O no se trata de eso la Navidad?