No siempre nos damos cuenta, o estamos enterados, de lo arbitrarias que pueden llegar a ser las cosas más comunes. Por ejemplo de por qué septiembre, mes de vuelta a los colegios al menos en nuestro país, de llantos de muchos niñ@s, alegrías y risas en cambio para otr@s ante la perspectiva de ver después de más de dos meses a l@s compis de aula, angustias de madres y padres haciendo encaje de bolillos presupuestarios para comprar libros, ropa…acabó siendo el noveno mes del año (en muchos países, no en otros, importante recordar que no vivimos solos en este planeta y que hay lugares que rigen sus días y noches con otros calendarios distintos) cuando su significado es precisamente “séptimo”. Precisamente en algunos idiomas de esos “otros lugares” la palabra que designa el equivalente de nuestro septiembre tiene que ver con la cosecha, incluso más concretamente la de la uva, que en breve comenzará. Es decir, poner un nombre a algo, un mes, una persona, una cosa… es arbitrario. Arbitrario que no quiere decir sin sentido, aunque luego lo pierda como en el caso de septiembre.

¿Y por qué ciclos? Bueno, pues ya que he hecho referencia a las cosechas, las aprovecho para a partir de ellas, notar otra cosa preciosa que ocurrirá pronto, a saber, árboles cuyas hojas cambian repentinamente de color, para después descolgarse hasta dar con su liviano peso en el suelo de cualquier otoñal parque o calle de nuestras ciudades y que cíclicamente una persona se encargará de barrer. Así fue, y así será mientras lo veamos, e incluso después.

Y es como si a pesar de que pasan los días y los años, de que crecemos y vivimos y etc, septiembre tiene un sabor y diría que hasta un color especial, un sabor a primer día de colegio, a vuelta a clase (de yoga podría ser), reencuentros y despedidas (verano, tal vez azul, vacaciones, tal vez cortas, o demasiado largas). Y es como si fuera una cuesta, menos famosa que la de enero, pero más atractiva, que todos los años, ciclo tras ciclo, nos anuncia nuevas asignaturas, algunas pendientes quizá, nuevos alumn@s y profesor@s a lo mejor, y que si nos dejamos embelesar por su trepidante y bello discurrir cíclico y diario nos llevará amablemente cuesta abajo hacia lo que arbitrariamente hemos designado como final de año en nuestra cultura. Curiosamente es entorno a septiembre y octubre que otras sociedades tienen su final/comienzo de año.

En fin, todo para decir, que como dicen algunos, todo se repite, todo vuelve, todo es cíclico, septiembre incluido, aunque cambien el número del año, que también son arbitrariedades, y que el yoga nos ayuda a comprender un poco más y mejor todo este jaleo, con sus repeticiones y contrariedades…

…porque en el yoga, para quien no lo sepa, la repetición (y la contrariedad) es algo muy importante. Igual algún día escriba sobre esto.